Podemos hacer las cosas mejor, no perfectas, simplemente mejor

#Colombia #Democracia #Elecciones

Escribir en vísperas de un proceso electoral puede entenderse como una intensión de persuadir determinada elección en los votantes, también puede ser una descarga de ideas o señalamientos en algún sentido para llamar la atención sobre cosas que resultan importantes a la hora de pensar en ese conjunto de razones sobre las que se debe meditar para justificar la elección, incluso la forma como se promueven esas charlas cotidianas que fluyen en el día a día entre nuestras acostumbradas rutinas.

Quizás este escrito sea un poco de esas dos cosas, una descarga de ideas y un deseo de persuadir en alguna dirección, eso sí, con el mismo objetivo que tengo atravesado en mi corazón: la defensa de un mejor país para tod@s. La premisa fundamental es que el instrumento por excelencia para avanzar es la política, sea arte, sea ciencia o ese simple acto de las acciones que tomamos de forma social y en medio de una sociedad. La política es una poderosa, muy poderosa arma para construir las mejores escenarios para que reverdezca la vida, el desarrollo humano y la felicidad; así como también puede ser el letal instrumento para destruir, para dividir, para oscurecer los días de muchos. Ella no es nada más ni nada menos que un instrumento para “hacer”. Sin embargo por sí sola no es suficiente.

La política requiere un escenario para su ejecución, y en mi experiencia, lo visto, lo caminado, lo leído y compartido, me ha señalado que la democracia en su idea más amplia, es el escenario ideal para su ejercicio. No me interesa hacer un repaso epistemológico acerca de la política o la democracia, simplemente entiendo que la mejor política, la más incluyente, profunda y con capacidad para construir y reverdecer requiere una democracia sólida, amplia y garante de los derechos, otorgándole a la libertad una condición líquida para que se permee en cada rincón de cualquiera que sea su geografía. Y es esta misma libertad la que esta en la dirección opuesta a los fanatismos, de cualquier índole, a las ideas que se empujan de dientes para afuera sin argumentos que tengan una conexión con la realidad.

Los fanatismos son incapaces de distinguir los cambios en los tiempos, no comprenden que la sociedad es un organismo vivo y que su escala de necesidades cambia, a veces dramáticamente, de una elección a otra. Estos fanatismos no son capaces de asimilar de manera constructiva cambios como los que vimos en la agenda política de las elecciones presidenciales, pasamos de una agenda donde predominaba la guerra y la seguridad como ejes discursivos, a una agenda donde los temas sociales son los más importantes, los que terminaran incidiendo en las urnas. No tener la capacidad de ver estos cambios y anclarse a “prácticas” políticas pasadas es un síntoma de indiferencia, de apatía y de antipatía frente a la realidad.

La idea de este blog, que surgió hace bastantes años, partió de esa premisa, de ver la vida desde la calle, desde esa pausa que podemos hacer, voluntariamente, al lado de un poste, esa idea de parar por un momento en la vida, verla pasar y tratar de entenderla, el “al lado del camino”. Procuro mantenerme fiel a esa idea, procuro alimentar mis reflexiones desde lo que veo, percibo y converso en las calles, en los cafés, en el servicio público y en las tradicionales filas que hacemos en nuestra vida. Y esto me enseña, me permite tratar de establecer puentes mentales entre la realidad y la teoría. Desde esta esencia es donde sigo pensando que podemos hacer un mejor país, que Colombia lo tiene todo y a nosotros para que hagamos las cosas mejor, no perfectas, simplemente mejor.

Esta terminando uno de los periodos más oscuros que ha experimentado nuestra democracia, la forma como eligió gobernar el Sr Duque ha sido la antítesis a una idea de política para el desarrollo humano y el respeto y valor hacia la democracia. Creo fielmente que para un mejor ejercicio de realidad es necesario separar las ideas de las personas y tener estos escenarios muy claros. Y desde esa orilla la lista de agravios contra toda forma de desarrollo y paz que incluya a la gente más necesitada es inmensa, es absurdamente inmensa. De todo esto han dado cuenta investigaciones de periodistas valientes y valerosos, esenciales para la democracia, quienes han puesto en evidencia como fuimos avanzando a una captura,, casi criminal, del Estado, las instituciones y sus deciones en favor de una minoría corrupta y con una idea de país estrecha, aquellos que consideran que el país es mejor cuando solo unos pocos los pueden gobernar.

Entiendo que parte del juego de la política es apostar, es comprometerse y asumirlo. No se puede predecir el futuro, no se puede tener certezas de éxito o derrota, sin embargo si se puede tener unas ideas fundamentales, una filosofía si se quiere, con la cual tomar decisiones, con la cual establecer esos marcos que incluyan líneas rojas que no se pueden pasar. De esto si somos responsables. Es decir, es dado momento se puede pensar y ponerle las fichas a determinado candidato con la idea de que será bueno para la gente y la democracia. Esto puede salir bien o mal. Lo que no se puede es seguir defendiendo, bajo ninguna razón, a un gobierno que sea tan duro con los menos favorecidos y tan blando y generoso con los poderosos. No se puede, bajo ninguna razón, apoyar a quien desmantele con dolo y descaro las instituciones, la democracia y la esperanza de las personas. Estas historias terminan mal, nuestra historia como país lo ha demostrado por mas de un siglo.

No creo que exista o pueda existir, en ninguna parte del mundo, un gobierno perfecto o un gobernador perfecto. Idealizar, incluso la misma perfección de la democracia, es irreal e iluso. Siempre habrá diferencias, descontentos, voces opuestas. De esto es de lo que se trata el juego, de tener la libertad y la seguridad de poder entender estas diferencias, de asumir que en una democracia algunos pueden tomar un camino diferente al pensado y como mayoría, determinar los siguientes cuatro años. Esto es importante, sin ninguna duda, lo que no puede pasar, bajo ninguna razón, lógica, argumento, credo o ideología, es que se debiliten las instituciones en favor de una minoría selecta y poderosa, que se desmantele la democracia y se justifique.

Al final en la democracia, me parece cada vez, la premisa de funcionamiento radica en que nada es mejor o peor, es solo diferente. Y es ésta diferencia, en la idea del sr Galtung, la que se debe reconocer y canalizar, es por ese camino por el cual nos hacemos mejores, más fuertes y hacemos que nuestro país sea más generoso en oportunidades para tod@s. Este siempre será el camino.

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