Author: juangabrielgarzon@gmail.com

  • Cuidar la Democracia puede significar haber votado por Uribe y hoy votar por Petro

    En el momento que escribo esto, aún no se sabe cuál será el siguiente presidente de Colombia. He pensado mucho acerca de este articulo. Tenía la información medianamente organizada en notas desde antes de la primera vuelta. Sin embargo no lograba encontrar el sentido, quizás no lo encuentro aún, y lo que tengo claro hoy es que estoy viendo la faceta más compleja de entender, asimilar y determinar de la democracia en Colombia. No encuentro ni en mis palabras ni en las ajenas una lectura que tenga sentido con lo que veo, siento y converso con las personas en las calles.

    El valor de enfoque siempre será la democracia y el Estado Social de Derecho. Colombia es una democracia joven (porque entiendo que democracia no es solo votar sino ser parte de las decisiones de un Estado en diferentes niveles territoriales) y con el proceso que implicó la Constitución del año 1991 entiendo que es un tiempo corto para un proceso tan complejo socialmente. De esta idea entiendo que es la juventud de nuestra democracia es evidente en que aún no se ha profundizado una cultura política que entienda su funcionamiento y todo el espectro de posibilidades. Especialmente que en la diferencia del otro, del no igual y del contrario.

    Esto ha llevado a un primera situación que se torna problemática. Durante el siglo XX se ha consolidado el sistema de gobierno democrático y participativo como modelo superior de organización política. Pareciera que la constitución del 91 hubiera nacido con única lógica donde el mercado es quien otorga los niveles de bienestar, prosperidad y desarrollo humano a cada ciudadano mercado, que el control del mercado es solo y únicamente de lo privado, marginando hasta el rol del Estado en la redistribución de la riqueza y sobre todo, de la equidad, de acceder a las oportunidades. Y el presente, luego de estos 30 años solo ha dejado en el horizonte una profunda y latente desigualdad. Las oportunidades no han sido para todos y la idea de un desarrollo sostenible solo ha sido para quienes apalancan sus participación en el mercado con capitales. Y cuando el mercado no cumplió su promesa, ni siquiera a estos afortunados, se apeló a la solidaridad de todos los colombianos para contribuir económicamente con las pérdidas del mercado. El 4 X 1000 es una vigente píldora de la memoria.

    Este es el punto más importante para lo que nos espera en los siguientes 10 años como país. Pues no estar de acuerdo en este diagnóstico económico, social y las causas del mismo es ya perder un valioso terreno de realidad. Venimos de un vergonzoso gobierno que le dio la espalda a la gente, que destruyó sistemáticamente muchos de los avances en el equilibrio de poderes que tenía nuestra democracia, un gobierno con con descaro y dolo le hizo saber a todos los colombianos que gobernaba para una élite, que se debía a ellos y que hasta su último año lo haría. No fue una sorpresa, fue un pésimo candidato que fue coherente en transmitir en su ejercicio de gobierno toda la mediocridad de su propuesta como candidato. Se excedió en populismo, prometió cosas que no iba a hacer (el tema del fracking y el atentado a los acuerdos de Paz), se mostró cordial y entendido, sin embargo fue mezquino y empujó a sus ciudadanos a la desesperación y la inestabilidad. Si tenemos una fractura en la democracia es por esta idea de gobierno, especialmente por este que aún estamos padeciendo.

    Quienes votaron por esta idea hoy señalan y dicen que no importa, que era un mal menor mientras que el propósito fuera que no haya una idea diferente de gobierno. Creo que al margen que sea o no el sr Gustavo Petro, es esa necia y fanática idea de no permitir que la democracia funcione con más profundidad y con un carácter más instruccional. Hoy ni siquiera asumen que eligieron un mal candidato que hizo un pésimo gobierno y que alejo a Colombia como Estado social de derecho de su objetivo. Ese precio lo asumió toda Colombia y no es culpa de la pandemia, eso no resultó tan grave a la sombra de un gobierno de espaldas a construir un país con oportunidades. Y hoy ellos mismos justifican su elección contra cualquier cosa que signifique la diferencia, en este caso Petro, con ideas que no tienen talante de argumentos, y mucho menos una evaluación del presente de cara al futuro. Una visión que se parece más a un fervoroso fanatismo.

    He tenido el gusto de vivir, desde adentro, en 4 democracias diferentes y he podido hacer aquella sociología de poste que es inherente a mi comprensión del mundo. Desde ahí he comprendido que todos son ciclos, todos son contradicciones aparentes (como en los adolescentes que lo primero que saben es lo que no quieren, y luego si lo que quieren) y en el zanjar estos procesos es donde han encontrado su crecimiento, donde el desarrollo Social, Político y Económico empieza a ser más profundo en incluyente. Esto me hizo votar en el año 2022 por el sr Alvaro Uribe entendiendo que había un ciclo de recuperación del monopolio de la fuerza que había que impulsar, que era la protección del Estado y sus instituciones lo que debía avanzar en ese momento. Considero que ese objetivo se alcanzó en ese gobierno de varias formas, y eso esta bien, ya el hecho de proponer una fractura, bastante populista, al poder represento la antitesis de su idea inicial de gobierno y hoy es él y su idea de poder la que ha procurado cambiar la constitución y las leyes al servicio de intereses personales, de unas pequeñas y poderosas minorías económicas con la idea más antidemócratica que ha existido en todas las democracias: el otro, el diferente es un estorbo, no debe estar y procuraré que no este.

    Hoy me siento inquieto, desafiado a entender más y comprender nuestro presente. Hoy sigo con la consigna de que tengo un sueño llamado Colombia, un sueño que demanda de mi coherencia, demanda de mí que mi fe este acompañada de mis obras. Creo que seremos otros cuando hagamos lo posible por conectar la Colombia profunda con nuestros sueños de país. Seremos más grandes cuando decidamos darle una oportunidad a la paz desde la diferencia. Esto no significa ser Petrista o de izquierda (y nada de malo hay en reconoceres así) significa que en este momento de la democracia es el sr Petro quien ha mostrado que lo entiende de una forma cabal.

    No sé qué pasará en los siguientes años, si gana el sr Hernandez no es un desafío intelectual comprender en donde seguiremos perdiendo y quieres. Si gana el sr Petro es más incierto saber que rumbo y como fluirá las cosas por el costo y la fricción del cambio. Sin embargo es la misma ecuación de hace 20 años: elegí fortalecer las instituciones al votar por el sr Uribe, hoy elijo con el mismo criterio apoyar lo que el sr Petro representa.

  • Podemos hacer las cosas mejor, no perfectas, simplemente mejor

    #Colombia #Democracia #Elecciones

    Escribir en vísperas de un proceso electoral puede entenderse como una intensión de persuadir determinada elección en los votantes, también puede ser una descarga de ideas o señalamientos en algún sentido para llamar la atención sobre cosas que resultan importantes a la hora de pensar en ese conjunto de razones sobre las que se debe meditar para justificar la elección, incluso la forma como se promueven esas charlas cotidianas que fluyen en el día a día entre nuestras acostumbradas rutinas.

    Quizás este escrito sea un poco de esas dos cosas, una descarga de ideas y un deseo de persuadir en alguna dirección, eso sí, con el mismo objetivo que tengo atravesado en mi corazón: la defensa de un mejor país para tod@s. La premisa fundamental es que el instrumento por excelencia para avanzar es la política, sea arte, sea ciencia o ese simple acto de las acciones que tomamos de forma social y en medio de una sociedad. La política es una poderosa, muy poderosa arma para construir las mejores escenarios para que reverdezca la vida, el desarrollo humano y la felicidad; así como también puede ser el letal instrumento para destruir, para dividir, para oscurecer los días de muchos. Ella no es nada más ni nada menos que un instrumento para “hacer”. Sin embargo por sí sola no es suficiente.

    La política requiere un escenario para su ejecución, y en mi experiencia, lo visto, lo caminado, lo leído y compartido, me ha señalado que la democracia en su idea más amplia, es el escenario ideal para su ejercicio. No me interesa hacer un repaso epistemológico acerca de la política o la democracia, simplemente entiendo que la mejor política, la más incluyente, profunda y con capacidad para construir y reverdecer requiere una democracia sólida, amplia y garante de los derechos, otorgándole a la libertad una condición líquida para que se permee en cada rincón de cualquiera que sea su geografía. Y es esta misma libertad la que esta en la dirección opuesta a los fanatismos, de cualquier índole, a las ideas que se empujan de dientes para afuera sin argumentos que tengan una conexión con la realidad.

    Los fanatismos son incapaces de distinguir los cambios en los tiempos, no comprenden que la sociedad es un organismo vivo y que su escala de necesidades cambia, a veces dramáticamente, de una elección a otra. Estos fanatismos no son capaces de asimilar de manera constructiva cambios como los que vimos en la agenda política de las elecciones presidenciales, pasamos de una agenda donde predominaba la guerra y la seguridad como ejes discursivos, a una agenda donde los temas sociales son los más importantes, los que terminaran incidiendo en las urnas. No tener la capacidad de ver estos cambios y anclarse a “prácticas” políticas pasadas es un síntoma de indiferencia, de apatía y de antipatía frente a la realidad.

    La idea de este blog, que surgió hace bastantes años, partió de esa premisa, de ver la vida desde la calle, desde esa pausa que podemos hacer, voluntariamente, al lado de un poste, esa idea de parar por un momento en la vida, verla pasar y tratar de entenderla, el “al lado del camino”. Procuro mantenerme fiel a esa idea, procuro alimentar mis reflexiones desde lo que veo, percibo y converso en las calles, en los cafés, en el servicio público y en las tradicionales filas que hacemos en nuestra vida. Y esto me enseña, me permite tratar de establecer puentes mentales entre la realidad y la teoría. Desde esta esencia es donde sigo pensando que podemos hacer un mejor país, que Colombia lo tiene todo y a nosotros para que hagamos las cosas mejor, no perfectas, simplemente mejor.

    Esta terminando uno de los periodos más oscuros que ha experimentado nuestra democracia, la forma como eligió gobernar el Sr Duque ha sido la antítesis a una idea de política para el desarrollo humano y el respeto y valor hacia la democracia. Creo fielmente que para un mejor ejercicio de realidad es necesario separar las ideas de las personas y tener estos escenarios muy claros. Y desde esa orilla la lista de agravios contra toda forma de desarrollo y paz que incluya a la gente más necesitada es inmensa, es absurdamente inmensa. De todo esto han dado cuenta investigaciones de periodistas valientes y valerosos, esenciales para la democracia, quienes han puesto en evidencia como fuimos avanzando a una captura,, casi criminal, del Estado, las instituciones y sus deciones en favor de una minoría corrupta y con una idea de país estrecha, aquellos que consideran que el país es mejor cuando solo unos pocos los pueden gobernar.

    Entiendo que parte del juego de la política es apostar, es comprometerse y asumirlo. No se puede predecir el futuro, no se puede tener certezas de éxito o derrota, sin embargo si se puede tener unas ideas fundamentales, una filosofía si se quiere, con la cual tomar decisiones, con la cual establecer esos marcos que incluyan líneas rojas que no se pueden pasar. De esto si somos responsables. Es decir, es dado momento se puede pensar y ponerle las fichas a determinado candidato con la idea de que será bueno para la gente y la democracia. Esto puede salir bien o mal. Lo que no se puede es seguir defendiendo, bajo ninguna razón, a un gobierno que sea tan duro con los menos favorecidos y tan blando y generoso con los poderosos. No se puede, bajo ninguna razón, apoyar a quien desmantele con dolo y descaro las instituciones, la democracia y la esperanza de las personas. Estas historias terminan mal, nuestra historia como país lo ha demostrado por mas de un siglo.

    No creo que exista o pueda existir, en ninguna parte del mundo, un gobierno perfecto o un gobernador perfecto. Idealizar, incluso la misma perfección de la democracia, es irreal e iluso. Siempre habrá diferencias, descontentos, voces opuestas. De esto es de lo que se trata el juego, de tener la libertad y la seguridad de poder entender estas diferencias, de asumir que en una democracia algunos pueden tomar un camino diferente al pensado y como mayoría, determinar los siguientes cuatro años. Esto es importante, sin ninguna duda, lo que no puede pasar, bajo ninguna razón, lógica, argumento, credo o ideología, es que se debiliten las instituciones en favor de una minoría selecta y poderosa, que se desmantele la democracia y se justifique.

    Al final en la democracia, me parece cada vez, la premisa de funcionamiento radica en que nada es mejor o peor, es solo diferente. Y es ésta diferencia, en la idea del sr Galtung, la que se debe reconocer y canalizar, es por ese camino por el cual nos hacemos mejores, más fuertes y hacemos que nuestro país sea más generoso en oportunidades para tod@s. Este siempre será el camino.

  • La primera línea de defensa y el primer paso para la búsqueda de soluciones: La Comunidad

    #Covid-19

    A veces uno escribe desde un balcón, ya sea en forma de metáfora o de realidad literal, y trata de diagramar un espacio donde se puede “aislar” de la dinámica social, decimos que nos ponemos al lado del camino para ver y escribir. Sin embargo hoy no es así, la situación en el marco de la pandemia nos puso a la misma velocidad el balcón y la realidad.

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    De todo se ha dicho en las últimas semanas, han hablado los científicos, los economistas, los gobernantes y los analistas de cualquier especialidad en procura de entender la situación, explicarla y plantear escenarios realistas para orientar a la sociedad en medio de un marco plena incertidumbre. Al final, desde mi ventana y balcón improvisado queda la misma idea: nadie tiene certezas ni tampoco un horizonte para mostrar.

    Y si fuera poco esto, la pandemia global no tiene una fórmula definida a manera de “antídoto” social y político. Por lo contrario, ha logrado evidenciar el ADN de cada nación con sus virtudes y sus defectos. Ha puesto verdades comentadas tras bambalinas en la vitrina pública mundial, así la desigualdad, la corrupción y la ausencia de liderazgo con sentido técnico y social en los jefes de Gobierno están a la orden del día en todas las latitudes. Y Colombia, mi país, no ha sido una excepción.

    Sin embargo esto no es nuevo, la historia de nuestro país desde la colonia ha estado marcada por una desigualdad legitimada por las clases políticas desde ese entonces. Realidad que ha caminado hasta nuestros días y se evidencia por el absoluto centralismo con la que se tratan todos los asuntos políticos y se determinan las políticas sociales. Sigue siendo una lógica de cuidad principal y la de “pueblos”, en sentido peyorativo administrativamente hablando. Y los últimos hechos han ratificado la tendencia de algunos sectores políticos y económicos a mantenerla así, tal como paso con el proceso de Paz, su aprobación y resistencia. La idea de un país centralizado mantiene un estatus para una gran minoría que se hace más fuerte dentro de él.

    Lejos de emitir opinión personal acerca de la forma como se está gobernando el país, quiero solo tratar de poner en palabras la sensación que me pasa por la mente y el corazón, apoyado en lo que he aprendido, lo que vivido y aquello que quiero para mi país.

    La idea de un Estado ausente a lo largo de territorio nacional, especialmente rural, no es nueva ni reciente, abunda en la literatura histórica y en los discursos políticos desde hace más de cien años (debo dejar claro que no estoy de acuerdo con la tesis que dicta que en momentos de crisis debe salir el Estado al rescate de todo y ser el único responsable, porque en las bonazas de la estabilidad son muchos los que se benefician, esos también deberían salir al rescate). Esta es una indiscutida fuente de desigualdad y ha reproducido modelos de pobreza que han dado lugar a interminables conflictos por la tierra, los recursos naturales y la relación con la mano de obra.

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    Es un brecha social de la que hoy parece que no se puede hablar sin que el rotulo de “mamerto, comunista, socialista” y demás adjetivos que están lejos de esconder esta inmensa verdad surjan para desviar el sentido de la discusión. Y ni de izquierda, ni derecha, tampoco de centro soy, los problemas de Colombia son tan complejos que una mirada ideologizada resulta incompleta para dar soluciones reales y construir una sociedad con oportunidades. Ahí es clave ser y hacerse un innovador social.

    Esta idea de un Estado ausente e incapaz es la que predomina cada día en mi cabeza. Con cada comunicado del Gobierno es evidente que no tienen una idea de país más allá de la típica visión centralista y urbana que desconoce a la “Colombia profunda”. La informalidad económica, que según el DANE promedia el 46% de la población, parece una nube gaseosa de la que no se pueden hacer cargo porque no la entienden y no comprende como está relacionada con el día a día. La capa de migrantes, que la han profundizado y dinamizado esta tendencia, se ven solo como una carga social y no desde el aporte que hacen a la economía con la producción y el consumo. Al tener que cerrar la economía quedo en evidencia un Gobierno no puede ayudar con eficiencia, por mejores intenciones que se tengan, cuando no saben qué país gobierna ni para quiénes se gobierna.

    La soledad se percibe, la realidad esta tan fragmentada que la percepción de seguridad solo se alcanza de puertas para dentro. Hoy comprendí, desde mi balcón, que será la comunidad, ese tejido inmediato que me rodea, la primera línea de defensa frente a lo que se venga y el primer paso para la búsqueda de soluciones, que aquellas aclamadas instituciones están lejanas, distantes e indiferentes. Hoy entendí que estamos bajo un Estado donde el sálvense los que puedan empieza con ellos mismos.

    Y eso tampoco es nuevo, es la suma de los colombianos, de su activa forma de resistir a tantas situaciones adversas, la que han sacado el país adelante. Es en ellos donde reside la fuerza y resiliencia que nos ha caracterizado; y será con ellos con los que avancemos.

    Todo lo que suma no resta, no pierdo la fe técnica y política en los gobernantes de turno, espero que ellos puedan llevar a acciones sensatas, inteligentes y con sentido humano aquellas buenas intenciones que enuncian con vehemencia.

    #Colombia mi sueño, mi amor eterno.

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  • La bondad, la humanidad y el COVID-19

    La experiencia de caminar por la calle en alguna ciudad principal o intermedia es impactante, es evidentemente la ruptura de un ciclo, la cotidianidad ha sufrido un quiebre, de la manera como se acabaron las cartas del juego en la mesa y se aguarda por la nueva baraja.

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    La sociología de poste que ha motivado este blog es el hecho mismo de la experiencia de vida dinámica que esta al alcance de todos, esa que está conectada con hilos invisibles con personas, objetos y cosas. De tal manera que parar por un momento y recostarse en un poste para ver y tratar de comprender lo que pasa fisicamente a nuestro alrededor es el arte de pensar.

    Hoy la sociología de poste nos muestra, de manera muy drástica, que China no estaba tan lejos como a veces nuestro imaginario nos lo hace creer. Hoy estamos viviendo en el seno de nuestro hogar y en nuestra vida cotidiana que nada se puede dar por hecho y definitivo, que nuestra naturaleza social, afectiva y laboral, está fundada bajo supuestos tan frágiles como nuestra humanidad.

    Cuando se rompe todo de manera tan drástica es posible ver los fondos, la estructura que nos sostiene en el presente. Es así como hay dos verdades predominantes que llevan sosteniendo nuestra vida durante décadas: el mundo y la distribución de la riqueza es marcadamente desigual, y las oportunidades de vida y supervivencia son menores en las poblaciones más pobres.

    De cara a la pandemia por el COVID-19 nos debemos parar en ésta realidad y añadirle la gestión de los Gobiernos. El ámbito internacional ha dejado importantes lecciones acerca de como enfrentar la situación con las menores pérdidas posibles (parece que por regla general hay pérdidas). Algunos han tenido buenos resultados en la forma como se reducen los efectos negativos en la población, otros han asumido roles más pasivos y pasan por momentos muy angustiosos en este momento. Nadie puede ser indifierente al saber que 400 conacionales han muerto en las últimas 24 horas (el camino de Italia, España y al que se acerca Estados Unidos). Es esa sensación que oscila entre el triste dolor y la impotente rabia por saber que haciendo mejor las cosas en su debido momento todo podría haber cambiando para mejor.

    Centrarse hoy en la discusión acerca de lo que haga o no haga el presidente Duque y sus ministros es inservible, conduce a ciclos sin sentido que solo suman a la inacción. Él como mandatario llevará durante el resto de su vida lo que haga o deje de hacer. Hoy en un presente tan desigual y con tan pocas oportunidades parece que los gobernantes tienen decidido que muchos van a morir y que nada podrán hacer, por intereses particulares (de algunos gremios o grupos económicos), porque saben que no tienen la capacidad institucional para hacerle frente y no tienen la voluntad política para hacer la inversión en lo mínimo necesario, o porque sencillamente no existen la idea de país que tienen. Los pobres son invisibles.

    Los días avanzan y apremian, cada vez más personas saben que la pandemia camina hacia ellos y que solo es cuestión de tiempo para verla en la vida cotidiana, otros saben que vienen días donde la esperanza puede menguar, otros presienten que vendrán choques sociales (que tomarán tonos violentos) por estricta supervivencia que no podrán ser mitigados por las autoridades porque estarán fuera de su alcance y de su capacidad.

    Entonces ¿qué podemos hacer? ¿cuál es el camino que debemos transitar para avanzar con menores pérdidas posibles? Debemos echar mano del activo que solo los seres humanos podemos gestionar: la bondad. Se trata de uno de los intangibles más poderosos que pueden hacer diferente el presente cuando se trata de superar dificultades mediante hechos y obras. La bondad no tiene una fórmula definida, no es una figura geométrica y tampoco una receta con abc, es ese acto espontáneo que surge para poner en acción la solidaridad para avanzar juntos hacia un mañana mejor. La bondad es el tejido que podemos intentar para cerrar las brechas de desigualdad, es donde podemos apoyarnos para avanzar en los días oscuros; es un multiple ganancia porque mientras la tejemos nos hará mejores. 043

    No se trata de plantear en este post un enunciado de “ideal” o inspirador, de acudir a emociones para pensar esta realidad que anuncia su llegada, ya en las siguientes publicaciones presentaré mis argumentos y visión de país donde la bondad es pensamiento sostenible y conciencia individual respecto a nuestra huella de carbono.

     

  • Colombia diVIdiDA entre sombras de Vergüenza

    #ShadesofShame

    Este será el primero de tres escritos que publicaré para presentar algunas ideas que considero necesarias para darle forma a una idea de país donde la construcción de la paz y todo lo bueno que ella trae sea una realidad sostenible para todos. El primero hablará de la Colombia dividida que nos dejan estas elecciones, el segundo de la idea de la paz luego del conflicto y el tercero de una paz sostenible al menor costo posible.

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    Luego de las elecciones presidenciales y de la Consulta Anticorrupción, y con menos emotividad, es necesario plantear algunos puntos que se han pasado por alto en medio de la efervescencia electoral, casi frenética, que últimamente ha tendido a ser una constante en la elección de presidente.

    La palabra polarización parece ser la más utilizada en los análisis electorales después de la segunda vuelta. Sin embargo, los que afirman que la sociedad colombiana esta polarizada no han ofrecido una sustentada base de argumentos para explicar este fenómeno, parece más un cliché obligatorio con la intención de uniformar al país en los bandos que representaban Iván Duque y Gustavo Petro, sin tener una intención real de buscar lo que las personas están pensando y sintiendo, lo que están expresando. A manera de ejemplo, los resultados de la Consulta Anticorrupción dan muestra de esto.

    Ahora, siempre será necesario recordar que nuestro presente está fundado y pensado sobre la base de un sistema de guerra. Siempre con diferentes bandos e intereses en el marco de un Estado débil e incapaz de orientarlo hacía una dirección de paz y desarrollo medianamente sostenible. Somos más hijos de la guerra que producto de la paz, de al menos una “somera” idea de paz.

    Junto a esto, se debe incluir la consigna histórica de la ausencia de proyectos políticos claros, de ideologías políticas. Manifiestos de buenas intenciones han abundado, sin embargo, realidades que acompañen estos enunciados han escaseado. En Colombia hablar de partidos políticos es referirse a un Sustantivo más que a un proceso de pensamiento coherente con ejercicios de gobierno, de control político o de posturas sostenidas más allá de las coyunturas políticas. Todo se puede explicar en la figura de gamonales y en los marcos de populismo de todas las formas y colores.

    Estas dos constantes en la historia de nuestro país han ido posicionando una idea de “paz perfecta”  que reposa al otro lado de la venganza en cada postura política que ha protagonizado el panorama político en los últimos seis meses. Una idea de que sangre solo se paga con sangre y el perdón junto con la posibilidad de reconciliación se ha dejado en terrenos de los marcos legales y agónicas discusiones de éstos que solo ha desnaturalizado el ejercicio de reconciliación. En cambio se han promovido unas ideas aún más despiadadas y destructivas, una idea de resolución final donde lo ideal es la exterminación del otro rival político, del diferente.

    Es así como en medio de “Sombras de Vergüenza” nuestro país y su gente tienen que seguir con el diario vivir, la idea de una Colombia diVIdiDA es cada vez más clara en el panorama. Sin embargo esta división no es necesariamente la lucha de dos bandos, se trata de una Colombia divida donde también hay diversas posturas políticas que poco a poco van mostrando el deseo de un país diferente, basta con realizar un análisis electoral más allá de Duque y de Petro para darle un soporte cuantitativo a esta afirmación.

    Estos son momentos donde valores como la independencia acompañada de un proyecto político de largo aliento son requeridos con urgencia. Se requiere de partidos políticos donde su nombre y trayectoria sean sinónimos de transparencia, de trabajo continuo, de garantes de paz. Sin embargo todos han sucumbido en las Sombras de Vergüenza.

    Hay vida, hay esperanza y el mañana no ha muerto. Yo sigo firme con la paz.

    #ShadesofShame

  • La coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace es más importante que la elección de un presidente

    Ya son varias las elecciones presidenciales que he vivido en realidad propia, algunas desde la óptica propia de la niñez, donde todo es un asunto de grandes y ya. Otras como ciudadano, con derecho a tomar mi parte en la decisión. Tanto de una forma como de la otra he llegado a algunas conclusiones en las que me apoyo para decidir mi voto.

    Es muy común para la cultura colombiana la cercanía con el mundo continental, especialmente de los Estados Unidos. De una u otra forma, ya sea por el cine, por las noticias y demás, tenemos una idea más o menos clara de lo que ha sido su historia, algunos de sus procesos sociales y políticos más importantes. Y es en ese punto donde fije mi atención en mis primeros años de formación, cuando descubría en los libros las menciones que hacían sus expresidentes (Washington, Adams,  Jefferson, Lincoln,  Roosevelt, solo por mencionar algunos) por las cosas que habían realizado en pos del su país, de la paz, estabilidad y empujarlo hacía el progreso. Y justo ahí me surgió la pregunta ¿Hemos tenido algún gran presidente en Colombia? La respuesta es rotunda: no.

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    El asunto de los contextos es determinante para las ideas, en este caso no hay excepción. Por eso hacer comparaciones en política, más allá de ser odioso, es una forma de contribuir a la pobreza mental. Razón por la cual no voy a afirmar que Colombia sea mejor o peor que determinado país, no; solo diré que es diferente y que nadie mejor que sus ciudadanos, los que viven el día a día, con sus altas y sus bajas, conocer mejor la profunda y verdadera realidad de nuestro país. Al final esto es lo más importante: es poco el cambio que un presidente hace en el día a día de nuestra realidad, a veces es realmente incipiente, para bien o para mal.

    No pretendo restarle importacia a la elección presidencial, de nunguna manera, tengo fe y esperanza que llegue a la Casa de Nariño un gobernante capaz de dejar una huella para la historia con integridad, con justicia y con la audacia que demanda gobernar nuestra compleja realidad, alguien coherente; sin embargo, como hasta el momento no ha pasado, prefiero enfocar mis esfuerzos en lo que puedo aportar en mi día a día, en lo que yo puedo hacer por mi país. Por eso sí puedo responder con menos azar, el asunto del voto por un candidato representa menos del 10% de lo que en realidad podemos hacer si nos proponemos, en serio, transformar nuestra realidad social por una más benévola con el presente y el futuro.

    De esta forma lo importante es la idea que tenemos todos y cada uno de nosotros de nuestro país, no la idea de país que tiene cada candidato; esa es su visión de país, la que ha construido con un grupo de asesores y con alguna oficina de marketing político. Al final sabemos que de lo que hablan y dicen, no se alcanza a ver ni siquiera el 40% en hechos, por más retórica y buen discurso que presenten, la realidad es la que los ha juzgado y para estas elecciones no hay excepción. Hay que ponerle más ganas a nuestro día a día que a una campaña presidencial.

    El el pasado post me aparte de la idea de un país polarizado que algunos analistas presentan. No creo que sea una idea correcta ni verdadera. Entiendo que la polarización resulta ser un negocio rentable para muchos en periodos electorales, para medios de comunicación, para determinados empresarios que promueven un orden que favorezca sus intereses. Es por eso que vemos a periodistas reconocidos (que algo sea reconocido no significa que sea bueno o malo) que toman abierto partido por determinado candidato, y que, mediante sarcasmos o mordaz retórica, promueven ideas en la sociedad con absoluta irresponsabilidad. A esos mismos los he visto cambiar de bando cuando el candidato defendido ha pasado a ser investigado por determinado asunto corrupto. Ellos de manera irresponsable promueven la idea que “farándula política” es igual al (bellísimo) arte de la política. La farándula da rating, la política no, sin embargo, la política es el único camino para transformar nuestro país, la farándula es el negocio de unos pocos.

    Al final lo pondré así, usando como ejemplo de ésta verdad la idea de la libertad religiosa: La primera defensa de la libertad religiosa es el mismo individuo, él es quien debe, con su comportamiento, su conducta y sus obras demostrar cual es la idea de religión que porta en su interior, la que le da identidad. Este es el primer paso para defenderla: la coherencia entre lo que se piensa, lo que se dice y se hace. 

    Pretender que alguien haga la tarea que no hacemos en nuestro diario vivir, es esperar que un presidente haga lo que no hacemos nosotros por nuestro país.

     

  • Elegir un presidente es sólo una parte de la solución

    Todos los colombianos que hoy respiramos hemos nacido en un contexto donde hemos visto que la historia de nuestro país se ha forjado en medio del conflicto interno, la violencia y la corrupción. Que casi cualquier explicación del presente del país tiene como causa uno de estos conceptos o la combinación de estos en complejas ecuaciones. Cuesta entender cómo hemos llegado a tener un presente cuando hemos tenido secuestrada la esperanza y el futuro por estos crueles captores.

    Es por eso que tener la oportunidad de pensar en la paz desde un escenario histórico, sin antecedentes ni precedentes similares, es la puerta para empezar a diseñar el futuro que todos, de una u otra manera, hemos pensado, deseado y anhelamos ver como una realidad. La paz antecede al progreso, al crecimiento económico sostenible y sobre todo, al desarrollo humano.

    Colombia blogTodos tenemos derecho a pensar de la manera que queramos, a ponernos el color político que se nos antoje por X o Y razón. Lo único que no podemos es dejar de estar a la altura del desafío histórico que se nos presenta en estas elecciones presidenciales. Esta es la primera vez que elegimos un presidente para liderar el proceso de la construcción de la paz, y hay que volverlo a escribir: la construcción de la paz.

    Sin embargo parece que Colombia padece del “Síndrome de Estocolmo”, hemos desarrollado un lazo afectivo ante nuestros captores: el conflicto, la violencia y la corrupción. Pareciera que nos hemos acostumbrado tanto a ellos que nos negamos a dejarlos ir y de una manera directa o indirecta los estamos alimentando en medio de la dinámica de esta campaña presidencial.

    El “Síndrome de Estocolmo” tiene como características, algunas de ellas, la creación de mecanismos psicológicos que permiten formar un vínculo afectivo de dependencia de las víctimas hacia sus captores, de modo que asumen las ideas, motivaciones, creencias o razones que emplean los secuestradores para privarlas de libertad. Quizás solo es una metáfora, sin embargo esta relación permitiría entender en gran parte la dinámica de esta campaña, sobre todo en lo que la gente comprende de ella, de lo que presenta y expone como sus argumentos.

    Es una abierta contradicción pretender construir un país donde germine la paz con semillas de violencia, en la forma que sea. Einstein lo dijo muy claro cuando afirmó que locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes. Entonces ¿Cuál es el camino para construir un presente con semillas de paz? Entender que la elección de un presidente, el que sea, blanco, negro, amarillo verde o morado, no nos va a dar la paz, que es solo una parte de la solución, y para mí, solo el 5% de la solución.

    Es innegable la importancia de elegir un buen presidente, ayuda para que las instituciones funcionen de manera adecuada y puedan brindar una estabilidad social, política y económica al país. Esto suma al desarrollo sin lugar a dudas, pero es solo la menor parte, la mayor parte pasa por los ciudadanos, por el ciudadano que estamos dispuestos a poner cada día en la calle, en el barrio, en la ciudad, en el hogar.

    Por eso es errado pensar que un presidente, en un solo periodo electoral, va a salvar al país del fracaso o lo va a condenar a la desolación, son puntos extremos que solo distorsionan el papel del ciudadano con fines electorales. Algunos lo simplifican diciendo que hay “polarización”. Idea imprecisa que no hace justicia al panorama político actual donde hay nuevas fuerzas políticas que han ido consolidando su idea de política independiente, y que han brindado destacados resultados en su gestión para el país.

    También es claro que la mayoría de los candidatos presidenciales encuentran buen recaudo electoral empujando demasiado lejos las generalizaciones (terrorista, guerrillero, paramilitar, narcotraficante, por ejemplo), llevándolas a interpretaciones erróneas de las causas y efectos de los hechos que sustentan los discursos y sobre los cuales presentan sus propuestas políticas. Es más, si en un ejercicio de imaginación nos empeñáramos en dibujar a los candidatos presidenciales apoyándonos en las palabras y descripciones de sus contrincantes en la carrera por la presidencia no elegiríamos a ninguno, pues cada cual presenta al otro como un criaturas malvadas sin lugar en este mundo y mucho menos presidiendo un país.

    Y es justo ahí donde se puede hallar un camino, si somos capaces de ver y entender que es en los matices dónde se hace la diferencia, de reconocer que en la diferencia es donde se va a asentando la construcción de la paz. Así podremos hacer una mejor elección: elegir poner un ciudadano que cada día haga algo por la paz y un presidente que ayude a garantizar un marco para hacerlo.

    Ese puede un punto para alejar a nuestro país del Síndrome de Estocolmo  que nos forjó un lazo afectivo con el conflicto armado, la violencia y la corrupción que han tenido secuestrada a Colombia por más de un siglo; ese puede ser un camino para entender que la elección de un presidente en sí misma no nos va a entregar, y mucho menos a garantizar la paz; y así poder comprender que nosotros, el ciudadano que ponemos cada día en las calles, somos los que necesitamos construir la paz.

    Colombianos de nosotros depende que en los surcos de dolores el bien germine ¡ya!

  • Firme con el Sí

    Como muchas personas en el mundo, me siento desconcertado con los resultados del referéndum por la paz, es difícil hacerse a la idea que un país que haya vivido un conflicto tal largo, sangriento y desgarrador de a entender que no tiene muchos deseos por cambiar el rumbo.101_4047

    Sin embargo, en análisis tiene que ir más allá, no se puede simplificar a decir solamente que una parte de Colombia, representativa en las urnas, haya hecho saber que no están de acuerdo con el proceso de paz adelantado durante estos cuatro años, se debe ver qué es lo que en el fondo están diciendo los colombianos y a quien se lo están diciendo.

    El primer punto a ver y evaluar es el abstencionismo. Es natural que en una democracia alguien elija no elegir, no sentirse representado o en un panorama diferente, no sentir que con su participación se puede lograr algo, esto ha pasado en muchos lugares del mundo y en Colombia no ha sido la excepción. Lo que resulta difícil de asimilar es que haya abstencionismo cuando se trata de cambiar para bien la historia de un país. ¿Cuántos sirios o afganos, si tuvieran la posibilidad de empezar un proceso de paz para sus países, se abstendrían? o ¿cuántos dejarían a un 30% del total de la población decidir algo tan trascendental? Pensar en un No resulta poco realista en esos casos, entonces ¿qué pasa en Colombia? ¿Cómo es que realmente está funcionando el sistema de decisión? Es difícil saber cuántos son votos de opinión y cuántos son los votos de las maquinarias electorales tradicionales, las mismas que son capaces de modificarse con tanta eficacia cuando se trata de segundas vueltas presidenciales. Pero al final lo que me parece aterrador es pensar que al 70% de las personas aptas para votar no les interesa realmente ni el presente ni el futuro de Colombia.

    El segundo punto a evaluar es la polarización que hay en el país. Esto es una realidad, no se puede dejar de lado, hay dos formas radicalmente opuestas e incompatibles de evaluar esta realidad, hay dos orillas ideológicamente irreconciliables y activas políticamente, que por momentos parecen estar dispuestas a imaginar un mundo sin la otra. Estos son síntomas de una profunda encarnación del conflicto más allá de los montes, de la selva, el verdadero conflicto está en las formas de concebir el mundo que siguen presentes y vigentes en los colombianos.

    Yo sigo pensando y creyendo firmemente que la Paz es uno de los mayores valores a los que cualquier persona, sociedad y país puede aspirar, que nada puede ser antes que eso en la idea de felicidad y bienestar que todos aspiramos como seres humanos, esto no es evaluable. Por eso, tomo lo que ha pasado como un llamado, como un obstáculo más a superar para avanzar, para luchar por mí  Colombia en paz y con mayor esperanza. Ahora me comprometo más con el Sí a la paz, la vida, la esperanza y el futuro.

  • Jóvenes ¡Fuimos héroes!

    A propósito del día de la Juventud, quiero dedicar este post a los Consejeros de Juventud de Colombia, heroes silenciosos pero no anónimos.David Bowei Strasse

    Si a alguien le ofrecieran trabajar cuatro años por representar a los jóvenes, sin un horario fijo, sin garantias sociales, sin remuneración y sin un ambiente laboral estable que le permita hacer su trabajo ¿Qué posibilidades hay de que acepte? Sinceramente muy pocas, más si se trata de un joven.

    Para algunos parecera locura incluso, racionalmente no tengo ningún argumento para refutar en otro sentido; es una decisión de fe ciega en el presente y el futuro de los jóvenes. Hoy quiero decirle a esos CLJ ¡Fuimos Hérores!

    Hace 10 años en Bogotá se estaba entregando el documento de la Política Pública de Juventud (2006-2016), y muchos de los que participamos en el proceso pensamos qué seria de los jóvenes al cabo de esos diez años, imaginabamos escenarios posibles, siempre de mejora, donde la realidad hostil que se vive en muchas localidades cambiara. A la luz de los resultados, luego de una década, seria fácil pensar que fue un rotundo fracaso y que poco tiempo hubo más pérdido. Y es en parte así, pues hoy como hace diez años atrás los jóvenes están igual de abandonados por los actuales goberntantes, a su suerte, con su presente y futuro a la deriva.

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    Pero no todo fue en vano, de ese proceso quedaron muchas cosas valiosas para nuestro país, quedaron much@s valientes soñadores, personas valiosas que desde el lugar donde se encuentran, sé con mucha certeza, siguen pensando como hacer el mundo mejor, como a través de la política, se pueden transformar realidades.

    Recuerdo algunas de las sesiones del Consejo Distrital, tal cual una sesión de un Cabildo, evoco esos debates que se plantearon y que se disputaron desde cada esquina ideológica; recuerdo la vehemencia con la que cada cual defendia sus colores, su partido, su idea. Creo que el mismo Aristóteles se hubiese sorprendido al ver tanta pasión, tanta entrega a una causa superior.

    Hoy quiero dejar para todos ellos a través de mis letras un breve homenaje, les ofrezco mis respetos y admiración, mas que un ejemplo de compromiso con el país, son personas muy valiosas para cualquier sociedad, sacrificaron tiempo de su juventud, lo invirtieron en una causa ingrata, pusieron lo mejor de sí, todas sus capacidades intelectuales y todo el inventario de sus habilidades, convencieron a sus amigos y conocidos de un futuro mejor; ellos se pararon frente al la realidad con la determinación de cambiarla, de hacerla diferente.

    David Bowie en su canción Heroes dijo: “…Podemos ser héroes, No somos nada, Y nada nos va a ayudar, Tal vez nos estamos mintiendo…” y todo esto quizas lo pensamos en algún momento hace diez años, pero hiciemos lo que era mas importante: trabajar juntos, pese a las diferencias ideológicas, nos respetamos y creímos en nosotros mismos, creímos más allá de una administración política y coyuntural, y aunque lo más fácil era desistir y dejar todo así, decidimos que seriamos héroes, que lo seríamos al menos por un día… y valió tanto la pena.

    Feliz día de la juventud.

    Una mención especial para mi gran amigo Scheyman, a quien la vida le sonrie como Pedro Navaja, quién le sonrie a la vida y sigue caminando.

     

  • La paz de la Habana es una idea, la verdadera paz nos la damos nosotros

    La idea de paz que va tomando cada día para los colombianos para por una especie de bien intangible que se nos dará, es decir, que va a llegar de alguna parte para nosotros desde alguien. A mi manera de ver ahí esta el principal error, dado que la paz de una sociedad es la suma de la paz de los individuos en un contexto organizado y armonizado por un Estado. La paz no es un bien que da un Gobierno, es lo que somos capaces de darnos a nosotros mismos.

    Muchos de nosotos pensamos que en las mesas de dialogo esta todo menos la autoridad moral para hablar de paz y ofrecernos a los colombianos, por lo menos palabras de paz; parece que lo que hay son solo discursos que pretenden ser “politicamente” correctos, pero al final de cuentas son vacios, adolecen de realidad, de justicia, de verdad, mas parece que lo que estan negociando son los intereses particulares de la clase gobernante tradicional y su séquito de políticos de siempre, junto con los intereses de quienes han portado armas y que sin ningún reparo han confundido los fines con los medios, llegando a los caminos de la atrocidad humana.2016-05-01 16.36.27

    ¿Qué es lo que puede salir de una mesa de negociaciones para Colombia? ¿Para el mundo? Nada distinto a una manifestacion de intenciones. Los Colombianos que hemos recorrido nuestra greografia, que hemos padecido entre bombas, secuestros, masacres, “falsos positivos” y corrupcion entendemos perfectamente que ellos no nos van a dar una solucion a los verdadesros problemas del país, que la desigualdad se ahondará y se agudizará mientras la corrupcion siga tan campante e impune.
    Por eso ha venido a mi una de las enseñanzas de Steve Covey y su principio noventa-diez (90/10), que basicamente consiste en demostrar que del 90% de las cosas que pasan en nuetra vida tenemos control, que tenenmos una influencia real y directa. Este autor es reconocido en el mundo por sus libros para la superacion personal, para hacer que la personas puedan ser mejores seres humanos desde el cultivar sus virtudes. Lamentablemente en nuestro pais hay una gran mayoría que relaciona este tema con debilidad y problemas de autoestima, nada mas lejano a la realidad que tal pensamiento, pero sera un asunto que abordaré en otro momento.

    Este pricipio 90/10 dice que, por la via de reacción, ya sea accion u omisión, nosotros podemos influir en los acontencimientos diarios de nuestra vida (90%), por ejemplo, si alguien va conduciendo su vehículo y por alguna razon es cerrado por otro tiene un abanico de opciones a escoger, por un lado, lo alcanza para proferir una elaborada ofensa que pueda reflejar en toda dimension la ira y enojo que sienta, o, por otro lado, le puede dar alcance para devolverle la cerrada, pagándole con la misma moneda, pudiendo desembocar en situaciones mas delicadas, generar un accidente a un tercero, dar inicio a una riña, o lo que es peor pero muy probable, desembocar hasta en una tragedia donde se asome la muerte. Un poco trágico y extremo el ejemplo, es posible, pero cuando alguien dedica diez minutos a leer la prensa o escuchar alguna emisora local, sabrá perfectamente que no esta alejado de la realidad.Otro camino seria el contrario, ignorar el incidente y seguir su día con normalidad. No hay que ser brillante para saber, por vía de las consecuencias, cuál es la mejor opción.

    El restante 10% obedece a aquellas cosas que no podemos controlar, por ejemplo, quien podrá, por más de que quiera, controlar el trafico, el mal clima, la marcha o protesta de los profesores, el fenómeno de la “niña o el niño”, etc. Nadie lo puede hacer, sin embargo no se puede librar de las consecuencias, las tiene que sortear de alguna manera. No hay contro sobre este 10%.

    Entonces, si el sr Covey tiene razón, que me parece que la tiene, si nosostros como seres humanos podemos influir en el 90% de nuestra vida para hacerla mejor, ya sea por acción u omisión, puede ser que el 90% de la paz que nuetros país necesita depende de nosotros, dependa de lo que en las acciones diarias podamos hacer, no dependerá del capricho de un Gobierno mezquino e indolente hacia los colombianos, tampoco de un grupo armado que lo único que ha hecho es pensar en sus propios intereses, nada mas. No, la paz verdadera y real es posible, dependerá solamente de nosotros, de lo que hagamos a diario para desarmar nuestro corazón y reaccionar mejor, de lo que podamos sembrar y cultivar cada día para nuestros hijos y las futuras generaciones.
    La paz de la Habana es una idea, la verdadera paz nos la damos nosotros con las acciones que diariamente seamos capaces de sumar, acciones de paz.