Ya han pasado ciento quince años desde que el señor Alfred Nobel plasmó en su testamento la intención de promover el desarrollo científico a favor de la humanidad, llegando con el pasar de los años a lo que hoy conocemos como los Premios Nobel.
Estos premios se han constituido en el lado más popular de la Academia en todo el mundo, han contribuido para que la comunidad científica sea más visible mediante la divulgación de sus aportes al beneficio de la humanidad. Sin embargo no es el único frente que abarca dado que galardona hechos destacados en la literatura (la obra más destacada) y en acciones relacionadas con la paz, otorgándole “a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz”, de acuerdo al testamento del Sr. Nobel.
Así como se han destacado hechos cumbres y se han logrado unanimidades casi universales, las críticas no se han dejado esperar, se han levantado voces e incluso organizaciones que han cuestionado con mucha vehemencia la adjudicación de algunos galardones. Críticas que han soslayado asuntos políticos, económicos, étnicos e incluso revisionistas a los méritos de los que han sido condecorados. Entre los casos destacados se encuentra el líder palestino Yasser Arafat, quien fue galardonado por su intento de solución pacífica al conflicto entre Israel y Palestina (1994) de quien se dice que ha violado flagrantemente los principios pacifistas defendidos por Alfred Nobel. Junto a los más criticados se encuentran los casos de Henry Kissinger y Mijaíl Gorbachov, cuestionados por promover en algún momento de sus vidas caminos bélicos y guerreristas entre las naciones.
A pesar de que este tipo de discusiones no tienen claramente definidos los límites entre lo que corresponde a lo objetivo y a lo subjetivo, se deben buscar en la palabras plasmadas por el científico Nobel en su testamento, las luces acerca de la ruta orientadora a las disputas presentadas. Para este fin, es importante señalar que el mundo ha sufrido profundas transformaciones políticas, económicas y sociales en el siglo XX y en lo que va del XXI, por lo tanto, el contexto de las intenciones del testamento ha cambiado profundamente y deben ser actualizadas.
En esa actualización, y sin ánimo de enconar más disputas, vale la pena destacar algunos apartes del testamento, “…constituirá un fondo cuyosintereses serán distribuidos cada año en forma de premios entre aquéllos que durante el año precedente hayan realizado el mayor beneficio a la humanidad.” Y “…a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz”. Fragmentos que hoy están inmersos en el concepto del Desarrollo Humano establecido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el año 1990, “el desarrollo humano es un proceso en el cual se amplían las oportunidades del ser humano. Significa crear un entorno en el que las personas puedan hacer plenamente realidad sus posibilidades y vivir en forma productiva y creadora de acuerdo con sus intereses”. De manera tal que se podría señalar que la intención de los premios Nobel es promover el Desarrollo Humano desde los aportes científicos y sociales.
Es importante y necesario incluir un concepto adicional que se supondría implícito, sin embargo no se tiene en cuenta en su dimensión y trascendencia: la libertad. Entendida como la capacidad de obrar o no obrar a lo largo de su vida bajo su propia responsabilidad dentro de las limitaciones que dicta la realidad, teniendo la posibilidad de elegir. Necesariamente este camino nos conduce al pilar más importante del Desarrollo Humano, la Democracia. Tal y como lo afirmó el actual Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, “Una palabra hermosísima, pariente sanguínea de la libertad y de las mejores cosas que le han pasado a la humanidad” en el prólogo del libro Memorias.
De tal modo que los premios Nobel de hoy, procuran el desarrollo de la libertad, de la democracia y el desarrollo humano, buscan a través de su organización evitar prácticas represivas o dictaduras, muy a pesar que promulguen buenos motivos y buenas intenciones que esconden una corrupción moral atroz. El presente de los premios Nobel se marca como una fuerza dominante, en procura de la paz y el desarrollo del mundo, como la “dictadura de la libertad”.

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