LA INVESTIGACIÓN ES LA CLAVE

Por: Juan Gabriel Garzón Guerrero

Las tecnologías de la información y la comunicación han tocado los profundos hilos sociales hasta transformarlos, cambiando los paradigmas y generando grandes incertidumbres hacía el futuro.

La vertiginosa transición socio-económica que ha acompañado el germinar del siglo XXI ha generado profundas trasformaciones en todas las latitudes del mundo. Se ha pasado de la Sociedad Industrial (SI) a la Sociedad de la Información (SI), para hoy encontrarnos con el auge de la Sociedad del Conocimiento (SC). La SI se puede identificar para referirse a la profusión de medios audiovisuales, conocidos como de Información y Comunicación, dentro de los cuales están los periódicos, la radio o televisión y la computadora, incluyendo de manera categórica la internet. Este fenómeno fue creciendo paulatinamente hasta inundar el entorno de las distintas sociedades, haciéndoles experimentar una saturación mediática de desgarbados mensajes.

En la SC, tomando como punto de partida el boom informativo de la SI, la pregunta a resolver radica en ¿Cuál información nos interesa y nos resulta útil? ¿Qué se debe hacer con la información que nos llega? Interrogantes trascendentales para la sociedad, especialmente para los sectores educativos de todos los niveles, de ahí la necesidad de enseñar al alumno a gestionar el conocimiento, por lo que resulta imprescindible contar con criterios selectivos que permitan decidir qué tipo de información interesa y para qué[1].

La educación como principal socializador entre individuos debe contribuir a facilitar la profundización en el desarrollo del ser humano, asumiendo posturas responsables y autónomas que trasciendan el lenguaje hipnótico de la SC y mantengan un espíritu crítico. Y aunque existe abundante material bibliográfico que coincide en el pensar el modelo educativo ha pasado de la acumulación del conocimiento a la administración del conocimiento, la práctica resulta una tarea titánica,  que ha volcado comunidades investigativas para buscar, rebuscar e innovar estrategias para cumplir este propósito dentro del aula de clase. De ahí que se hable de tendencias en la educación.

La SC propone un nuevo paradigma, el conocimiento como el recurso estratégico para lograr niveles aceptables de competitividad*, establece una sociedad de aprendizaje permanente. Aumentando la demanda de formación en los individuos, muy por encima de la oferta de las Instituciones Educativas, de tal manera que un considerable número de ellas empieza a realizar cambios en las políticas, pasando de un producto final terminado (graduado, ingeniero, médico, biólogo, etc.) a un en formación permanente. Esa ahí donde la Investigación reclama un lugar significativo.

El proceso de investigación aborda la búsqueda de conocimientos y verdades que permitan describir, explicar, generalizar y predecir los fenómenos que se producen en la naturaleza y en la sociedad, herramienta indispensable en la formación que demanda de los educadores posiciones activas frente a las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTCI). Para qué, valiéndose de ella, puedan mudar la tendencia del traslado y la acumulación del conocimiento en el alumno a una ayuda para el manejo, administración y extracción del verdadero significado en medio de la abundante información.

El estudiante que hoy no tenga conocimientos de investigación se encontrará en desventaja frente a sus pares, de todo el mundo, ya que las Instituciones Educativas que han comprendido este profundo cambio en el paradigma, han buscado diferenciar sus egresados del resto haciendo un mayor énfasis en la investigación, haciéndolos más eficientes y eficaces, llevándolos a ser más competitivos y a obtener mejores resultados académicos y laborales durante su vida.

Se han señalado argumentos en el artículo que permiten decir que se ha pasado de una sociedad la estabilidad (Sociedad industrial) a una donde la incertidumbre prevalece (SC), y aunque de algún modo hay rasgos de una economía social, no socialista, en cuanto al acceso a gran cantidad y de todo tipo de información, la falta de criterios en la selección a la hora del consumo de la misma va conduciendo a una crisis de formación crítica, tan importante para el progreso de la sociedad. La formación en investigación es la clave.


[1] TOBÓN, Sergio, et al. Competencias, calidad y educación superior. Ed. Magisterio. Bogotá D.C. 2006. 32p.

* La competitividad se debe entender en este artículo como la capacidad de disfrute y de aprehensión de las oportunidades académicas y laborales, sin que implique el sacrifico de la ética profesional.

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