#Covid-19
A veces uno escribe desde un balcón, ya sea en forma de metáfora o de realidad literal, y trata de diagramar un espacio donde se puede “aislar” de la dinámica social, decimos que nos ponemos al lado del camino para ver y escribir. Sin embargo hoy no es así, la situación en el marco de la pandemia nos puso a la misma velocidad el balcón y la realidad.

De todo se ha dicho en las últimas semanas, han hablado los científicos, los economistas, los gobernantes y los analistas de cualquier especialidad en procura de entender la situación, explicarla y plantear escenarios realistas para orientar a la sociedad en medio de un marco plena incertidumbre. Al final, desde mi ventana y balcón improvisado queda la misma idea: nadie tiene certezas ni tampoco un horizonte para mostrar.
Y si fuera poco esto, la pandemia global no tiene una fórmula definida a manera de “antídoto” social y político. Por lo contrario, ha logrado evidenciar el ADN de cada nación con sus virtudes y sus defectos. Ha puesto verdades comentadas tras bambalinas en la vitrina pública mundial, así la desigualdad, la corrupción y la ausencia de liderazgo con sentido técnico y social en los jefes de Gobierno están a la orden del día en todas las latitudes. Y Colombia, mi país, no ha sido una excepción.
Sin embargo esto no es nuevo, la historia de nuestro país desde la colonia ha estado marcada por una desigualdad legitimada por las clases políticas desde ese entonces. Realidad que ha caminado hasta nuestros días y se evidencia por el absoluto centralismo con la que se tratan todos los asuntos políticos y se determinan las políticas sociales. Sigue siendo una lógica de cuidad principal y la de “pueblos”, en sentido peyorativo administrativamente hablando. Y los últimos hechos han ratificado la tendencia de algunos sectores políticos y económicos a mantenerla así, tal como paso con el proceso de Paz, su aprobación y resistencia. La idea de un país centralizado mantiene un estatus para una gran minoría que se hace más fuerte dentro de él.
Lejos de emitir opinión personal acerca de la forma como se está gobernando el país, quiero solo tratar de poner en palabras la sensación que me pasa por la mente y el corazón, apoyado en lo que he aprendido, lo que vivido y aquello que quiero para mi país.
La idea de un Estado ausente a lo largo de territorio nacional, especialmente rural, no es nueva ni reciente, abunda en la literatura histórica y en los discursos políticos desde hace más de cien años (debo dejar claro que no estoy de acuerdo con la tesis que dicta que en momentos de crisis debe salir el Estado al rescate de todo y ser el único responsable, porque en las bonazas de la estabilidad son muchos los que se benefician, esos también deberían salir al rescate). Esta es una indiscutida fuente de desigualdad y ha reproducido modelos de pobreza que han dado lugar a interminables conflictos por la tierra, los recursos naturales y la relación con la mano de obra.

Es un brecha social de la que hoy parece que no se puede hablar sin que el rotulo de “mamerto, comunista, socialista” y demás adjetivos que están lejos de esconder esta inmensa verdad surjan para desviar el sentido de la discusión. Y ni de izquierda, ni derecha, tampoco de centro soy, los problemas de Colombia son tan complejos que una mirada ideologizada resulta incompleta para dar soluciones reales y construir una sociedad con oportunidades. Ahí es clave ser y hacerse un innovador social.
Esta idea de un Estado ausente e incapaz es la que predomina cada día en mi cabeza. Con cada comunicado del Gobierno es evidente que no tienen una idea de país más allá de la típica visión centralista y urbana que desconoce a la “Colombia profunda”. La informalidad económica, que según el DANE promedia el 46% de la población, parece una nube gaseosa de la que no se pueden hacer cargo porque no la entienden y no comprende como está relacionada con el día a día. La capa de migrantes, que la han profundizado y dinamizado esta tendencia, se ven solo como una carga social y no desde el aporte que hacen a la economía con la producción y el consumo. Al tener que cerrar la economía quedo en evidencia un Gobierno no puede ayudar con eficiencia, por mejores intenciones que se tengan, cuando no saben qué país gobierna ni para quiénes se gobierna.
La soledad se percibe, la realidad esta tan fragmentada que la percepción de seguridad solo se alcanza de puertas para dentro. Hoy comprendí, desde mi balcón, que será la comunidad, ese tejido inmediato que me rodea, la primera línea de defensa frente a lo que se venga y el primer paso para la búsqueda de soluciones, que aquellas aclamadas instituciones están lejanas, distantes e indiferentes. Hoy entendí que estamos bajo un Estado donde el sálvense los que puedan empieza con ellos mismos.
Y eso tampoco es nuevo, es la suma de los colombianos, de su activa forma de resistir a tantas situaciones adversas, la que han sacado el país adelante. Es en ellos donde reside la fuerza y resiliencia que nos ha caracterizado; y será con ellos con los que avancemos.
Todo lo que suma no resta, no pierdo la fe técnica y política en los gobernantes de turno, espero que ellos puedan llevar a acciones sensatas, inteligentes y con sentido humano aquellas buenas intenciones que enuncian con vehemencia.
#Colombia mi sueño, mi amor eterno.

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