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  • Cuidar la Democracia puede significar haber votado por Uribe y hoy votar por Petro

    En el momento que escribo esto, aún no se sabe cuál será el siguiente presidente de Colombia. He pensado mucho acerca de este articulo. Tenía la información medianamente organizada en notas desde antes de la primera vuelta. Sin embargo no lograba encontrar el sentido, quizás no lo encuentro aún, y lo que tengo claro hoy es que estoy viendo la faceta más compleja de entender, asimilar y determinar de la democracia en Colombia. No encuentro ni en mis palabras ni en las ajenas una lectura que tenga sentido con lo que veo, siento y converso con las personas en las calles.

    El valor de enfoque siempre será la democracia y el Estado Social de Derecho. Colombia es una democracia joven (porque entiendo que democracia no es solo votar sino ser parte de las decisiones de un Estado en diferentes niveles territoriales) y con el proceso que implicó la Constitución del año 1991 entiendo que es un tiempo corto para un proceso tan complejo socialmente. De esta idea entiendo que es la juventud de nuestra democracia es evidente en que aún no se ha profundizado una cultura política que entienda su funcionamiento y todo el espectro de posibilidades. Especialmente que en la diferencia del otro, del no igual y del contrario.

    Esto ha llevado a un primera situación que se torna problemática. Durante el siglo XX se ha consolidado el sistema de gobierno democrático y participativo como modelo superior de organización política. Pareciera que la constitución del 91 hubiera nacido con única lógica donde el mercado es quien otorga los niveles de bienestar, prosperidad y desarrollo humano a cada ciudadano mercado, que el control del mercado es solo y únicamente de lo privado, marginando hasta el rol del Estado en la redistribución de la riqueza y sobre todo, de la equidad, de acceder a las oportunidades. Y el presente, luego de estos 30 años solo ha dejado en el horizonte una profunda y latente desigualdad. Las oportunidades no han sido para todos y la idea de un desarrollo sostenible solo ha sido para quienes apalancan sus participación en el mercado con capitales. Y cuando el mercado no cumplió su promesa, ni siquiera a estos afortunados, se apeló a la solidaridad de todos los colombianos para contribuir económicamente con las pérdidas del mercado. El 4 X 1000 es una vigente píldora de la memoria.

    Este es el punto más importante para lo que nos espera en los siguientes 10 años como país. Pues no estar de acuerdo en este diagnóstico económico, social y las causas del mismo es ya perder un valioso terreno de realidad. Venimos de un vergonzoso gobierno que le dio la espalda a la gente, que destruyó sistemáticamente muchos de los avances en el equilibrio de poderes que tenía nuestra democracia, un gobierno con con descaro y dolo le hizo saber a todos los colombianos que gobernaba para una élite, que se debía a ellos y que hasta su último año lo haría. No fue una sorpresa, fue un pésimo candidato que fue coherente en transmitir en su ejercicio de gobierno toda la mediocridad de su propuesta como candidato. Se excedió en populismo, prometió cosas que no iba a hacer (el tema del fracking y el atentado a los acuerdos de Paz), se mostró cordial y entendido, sin embargo fue mezquino y empujó a sus ciudadanos a la desesperación y la inestabilidad. Si tenemos una fractura en la democracia es por esta idea de gobierno, especialmente por este que aún estamos padeciendo.

    Quienes votaron por esta idea hoy señalan y dicen que no importa, que era un mal menor mientras que el propósito fuera que no haya una idea diferente de gobierno. Creo que al margen que sea o no el sr Gustavo Petro, es esa necia y fanática idea de no permitir que la democracia funcione con más profundidad y con un carácter más instruccional. Hoy ni siquiera asumen que eligieron un mal candidato que hizo un pésimo gobierno y que alejo a Colombia como Estado social de derecho de su objetivo. Ese precio lo asumió toda Colombia y no es culpa de la pandemia, eso no resultó tan grave a la sombra de un gobierno de espaldas a construir un país con oportunidades. Y hoy ellos mismos justifican su elección contra cualquier cosa que signifique la diferencia, en este caso Petro, con ideas que no tienen talante de argumentos, y mucho menos una evaluación del presente de cara al futuro. Una visión que se parece más a un fervoroso fanatismo.

    He tenido el gusto de vivir, desde adentro, en 4 democracias diferentes y he podido hacer aquella sociología de poste que es inherente a mi comprensión del mundo. Desde ahí he comprendido que todos son ciclos, todos son contradicciones aparentes (como en los adolescentes que lo primero que saben es lo que no quieren, y luego si lo que quieren) y en el zanjar estos procesos es donde han encontrado su crecimiento, donde el desarrollo Social, Político y Económico empieza a ser más profundo en incluyente. Esto me hizo votar en el año 2022 por el sr Alvaro Uribe entendiendo que había un ciclo de recuperación del monopolio de la fuerza que había que impulsar, que era la protección del Estado y sus instituciones lo que debía avanzar en ese momento. Considero que ese objetivo se alcanzó en ese gobierno de varias formas, y eso esta bien, ya el hecho de proponer una fractura, bastante populista, al poder represento la antitesis de su idea inicial de gobierno y hoy es él y su idea de poder la que ha procurado cambiar la constitución y las leyes al servicio de intereses personales, de unas pequeñas y poderosas minorías económicas con la idea más antidemócratica que ha existido en todas las democracias: el otro, el diferente es un estorbo, no debe estar y procuraré que no este.

    Hoy me siento inquieto, desafiado a entender más y comprender nuestro presente. Hoy sigo con la consigna de que tengo un sueño llamado Colombia, un sueño que demanda de mi coherencia, demanda de mí que mi fe este acompañada de mis obras. Creo que seremos otros cuando hagamos lo posible por conectar la Colombia profunda con nuestros sueños de país. Seremos más grandes cuando decidamos darle una oportunidad a la paz desde la diferencia. Esto no significa ser Petrista o de izquierda (y nada de malo hay en reconoceres así) significa que en este momento de la democracia es el sr Petro quien ha mostrado que lo entiende de una forma cabal.

    No sé qué pasará en los siguientes años, si gana el sr Hernandez no es un desafío intelectual comprender en donde seguiremos perdiendo y quieres. Si gana el sr Petro es más incierto saber que rumbo y como fluirá las cosas por el costo y la fricción del cambio. Sin embargo es la misma ecuación de hace 20 años: elegí fortalecer las instituciones al votar por el sr Uribe, hoy elijo con el mismo criterio apoyar lo que el sr Petro representa.

  • La coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace es más importante que la elección de un presidente

    Ya son varias las elecciones presidenciales que he vivido en realidad propia, algunas desde la óptica propia de la niñez, donde todo es un asunto de grandes y ya. Otras como ciudadano, con derecho a tomar mi parte en la decisión. Tanto de una forma como de la otra he llegado a algunas conclusiones en las que me apoyo para decidir mi voto.

    Es muy común para la cultura colombiana la cercanía con el mundo continental, especialmente de los Estados Unidos. De una u otra forma, ya sea por el cine, por las noticias y demás, tenemos una idea más o menos clara de lo que ha sido su historia, algunos de sus procesos sociales y políticos más importantes. Y es en ese punto donde fije mi atención en mis primeros años de formación, cuando descubría en los libros las menciones que hacían sus expresidentes (Washington, Adams,  Jefferson, Lincoln,  Roosevelt, solo por mencionar algunos) por las cosas que habían realizado en pos del su país, de la paz, estabilidad y empujarlo hacía el progreso. Y justo ahí me surgió la pregunta ¿Hemos tenido algún gran presidente en Colombia? La respuesta es rotunda: no.

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    El asunto de los contextos es determinante para las ideas, en este caso no hay excepción. Por eso hacer comparaciones en política, más allá de ser odioso, es una forma de contribuir a la pobreza mental. Razón por la cual no voy a afirmar que Colombia sea mejor o peor que determinado país, no; solo diré que es diferente y que nadie mejor que sus ciudadanos, los que viven el día a día, con sus altas y sus bajas, conocer mejor la profunda y verdadera realidad de nuestro país. Al final esto es lo más importante: es poco el cambio que un presidente hace en el día a día de nuestra realidad, a veces es realmente incipiente, para bien o para mal.

    No pretendo restarle importacia a la elección presidencial, de nunguna manera, tengo fe y esperanza que llegue a la Casa de Nariño un gobernante capaz de dejar una huella para la historia con integridad, con justicia y con la audacia que demanda gobernar nuestra compleja realidad, alguien coherente; sin embargo, como hasta el momento no ha pasado, prefiero enfocar mis esfuerzos en lo que puedo aportar en mi día a día, en lo que yo puedo hacer por mi país. Por eso sí puedo responder con menos azar, el asunto del voto por un candidato representa menos del 10% de lo que en realidad podemos hacer si nos proponemos, en serio, transformar nuestra realidad social por una más benévola con el presente y el futuro.

    De esta forma lo importante es la idea que tenemos todos y cada uno de nosotros de nuestro país, no la idea de país que tiene cada candidato; esa es su visión de país, la que ha construido con un grupo de asesores y con alguna oficina de marketing político. Al final sabemos que de lo que hablan y dicen, no se alcanza a ver ni siquiera el 40% en hechos, por más retórica y buen discurso que presenten, la realidad es la que los ha juzgado y para estas elecciones no hay excepción. Hay que ponerle más ganas a nuestro día a día que a una campaña presidencial.

    El el pasado post me aparte de la idea de un país polarizado que algunos analistas presentan. No creo que sea una idea correcta ni verdadera. Entiendo que la polarización resulta ser un negocio rentable para muchos en periodos electorales, para medios de comunicación, para determinados empresarios que promueven un orden que favorezca sus intereses. Es por eso que vemos a periodistas reconocidos (que algo sea reconocido no significa que sea bueno o malo) que toman abierto partido por determinado candidato, y que, mediante sarcasmos o mordaz retórica, promueven ideas en la sociedad con absoluta irresponsabilidad. A esos mismos los he visto cambiar de bando cuando el candidato defendido ha pasado a ser investigado por determinado asunto corrupto. Ellos de manera irresponsable promueven la idea que “farándula política” es igual al (bellísimo) arte de la política. La farándula da rating, la política no, sin embargo, la política es el único camino para transformar nuestro país, la farándula es el negocio de unos pocos.

    Al final lo pondré así, usando como ejemplo de ésta verdad la idea de la libertad religiosa: La primera defensa de la libertad religiosa es el mismo individuo, él es quien debe, con su comportamiento, su conducta y sus obras demostrar cual es la idea de religión que porta en su interior, la que le da identidad. Este es el primer paso para defenderla: la coherencia entre lo que se piensa, lo que se dice y se hace. 

    Pretender que alguien haga la tarea que no hacemos en nuestro diario vivir, es esperar que un presidente haga lo que no hacemos nosotros por nuestro país.

     

JGGG | Juan Gabriel Garzón Guerrero © 2026.

Todos los derechos reservados.

Científico social especializado en traducir investigación aplicada en estrategias de desarrollo humano, organizacional y territorial.

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